Hasta siempre, Tulio Crespi

El reconocido constructor, conocido como el «Padre de la Fórmula», falleció este martes a la mañana. Incursionó en el armado de autos para categorías nacionales y en la exportación de vehículos de competición al exterior.
El mundo del automovilismo argentino recuerda y despide a Tulio Crespi, quien falleciera este martes a los 88 años. Uno de los nombres que aportó sin duda al crecimiento del deporte motor en nuestro país a través de la fabricación y preparación de vehículos para especialidades nacionales e internacionales.
«Padre de la Fórmula», como fue apodado, Tulio tuvo su primer taller en el barrio porteño de Chacarita, para luego instalarse a través de la gestión de Juan Manuel Fangio en Balcarce a principios de la década de 1980. Entre sus desarrollos, destacan el Tulia GT, la Tulieta, el chasis Tulia y el Petiso – Torino, que marcó una época dentro del Turismo Carretera.

La última carta de Tulio Crespi
Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera.
Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví.
Viví 88 años haciendo exactamente lo que amé. ¿Cuánta gente puede decir eso?
Nací prácticamente en Chacarita con un martillo en la mano. Fui creciendo, laburando, aprendiendo de los fierros, y con mucho sacrificio me fui a Balcarce a hacer mi vida y mi historia. Ahí construí todo lo que soñé de pibe.
Gracias.
Gracias a mi familia, que me bancó siempre. Que me perdonó las horas en el taller, la grasa en las manos, los domingos en el autódromo en vez de en casa. Sin ustedes, nada de lo que hice hubiera tenido sentido. Ustedes fueron mi verdadero campeonato.
Gracias a mi equipo de trabajo, a mis empleados y a mis proveedores, que juntos creamos las primeras piezas únicas de un auto de competición. Cada chasis, cada soldadura, cada pieza hecha a mano lleva el esfuerzo de todos. Nada lo hice solo.
Gracias a todos los pilotos que confiaron en mí. A los que se subieron a un Crespi sin saber si iban a llegar, pero con la ilusión intacta. Cada triunfo suyo fue mi triunfo.
Gracias al ambiente del automovilismo. A los mecánicos, a los chapistas, a los rivales que fueron amigos, a los que me enseñaron cuando yo no sabía nada y a los chicos que hoy venían a preguntar. Yo nunca me creí más que nadie. Fui un laburante del fierro, un artesano que tuvo la suerte de convertir su pasión en su trabajo.
No estén tristes por mí. Sigan haciendo ruido. Sigan armando autos en talleres chiquitos pensando que pueden ganarle a los grandes, porque yo pude y lo hice.
Dejo mi fábrica en manos de mis hijos para continuar mi legado. Queda todo ahí, para que siga girando.
Gracias por estos ochenta y ocho años de confianza. ¡Viva la vida, vamos que se puede!
Gracias, gracias, gracias.
Tulio Crespi



